Conversación con la muerte: parte 4

Septiembre 6th, 2009

-Me parece nitas vacaciones en eque aquel cupón de la lotería del barrio no me va a tocar. Así que será mejor que no me ilusione con unas bol Caribe.

-No, yo en tu lugar no me ilusionaría con ese premio de lotería ni con un viaje al Caribe ni nada semejante durante esta semana. Lo lamento.

-¿Qué eres para saber eso? Dime la verdad. -Estaba algo nerviosa, pero empezaba a confiar en mí. Juntó sus manos y miró a mis ojos esperando mi respuesta.

-Hace varias décadas pertenecí a este mundo de la misma manera que tú lo haces ahora. Con 31 años me asesinaron a sangre fría. Un ladrón me asestó más de cinco puñaladas sólo para robarme el poco dinero del que disponía en mi cartera. Como puedes imaginar fue realmente traumático. Cuando desperté vi mi cuerpo tirado en la acera, lleno de sangre e inerte. Sabía que había muerto y no comprendía lo que pasaba conmigo. No tenía fe en ninguna religión o dios, por lo que simplemente no podía creer lo que me estaba ocurriendo. -Lucía asintió, seguía mirándome fijamente a los ojos. -Alguien se apareció junto a mí con el mismo aspecto de espectro que yo. Me cogió de la mano y me dio la bienvenida. Me dijo que venía a ayudarme a superar mi muerte, a seguir adelante. Simplemente fuí con él. No tenía familia y los amigos sabía que vivirían sus vidas sin mí. No tenía nada pendiente en el mundo que dejaba atrás. Una vez que seguí a aquel ser, me dieron a elegir que hacer con mi existencia, podía seguir en el otro mundo donde estaría en paz y no sufriría o bien podría ayudar a los seres humanos de la misma manera que aquel hombre me ayudó a mí. Tuve curiosidad y pregunté si dan a todo a elegir. Me dijeron que no, que sólo unos pocos tienen la capacidad de poder lidiar con los seres humanos o las ánimas. No sé si esto responde a qué soy.

-José, ¿me estás diciendo que eres algo así como un ángel de la guarda? ¿O eres “la muerte de las películas”? Por favor, quiero la verdad, necesito saberlo para entender todo esto.

-En realidad creo que soy una mezcla de ambos personajes de los que dices. Pero no malvado. Tengo un grupo de seres humanos con los que tengo lo que podríamos llamar afinidad. Cuido de sus almas, no de sus cuerpos, desde su nacimiento hasta más allá de la muerte de esos cuerpos. Para nosotros el cuerpo es sólo un envoltorio para las ánimas. Así que mi trabajo es cuidar de ti y de otros. De que nada te perturbe. No soy un dios y los seres humanos disponen en todo momento de su libre albedrío. Por lo que no puedo interferir en el mundo corpóreo de forma radical. Sólo puedo dejarme ver con los espíritus que tienen afinidad conmigo y hablar con ellos si fuese necesario. Pero debo dejarlos decidir en todo momento. Como ves sólo me he presentado ante ti para hablar contigo e intentar convencerte del futuro más correcto que puedo conseguir para ti. -Lo estaba logrando, esta niña me escuchaba y parecía entender lo que decía.


CONTINUARÁ.

Conversación con la muerte: parte 3

Agosto 26th, 2009

Introducción:

Este capítulo se enlaza directamente con el anterior sin que haya transcurrido tiempo alguno.

Conversación con la muerte: parte 3:

-¿Quieres? -Dijo Lucía mientras me ofrecía una porción de su tentempié.

-No, gracias. Aquí no puedo comer.

-Pues seas lo que seas debe ser muy duro no poder comer. ¿No echas de menos el café o los dulces?

-Puedo comer, pero sólo donde pertenezco.

-¿Pues que mundo tan aburrido. -Puso los ojos en blanco mientras lo decía.

-Lucía, aún sigues pensando que me imaginas, ¿verdad? -Al decir esto ella sonrío, creo que más para sí misma que para mí.

-Tócame, Lucía. Soy real, por lo menos para ti.

Ella puso su mano sobre mi pecho. Luego tocó mi rostro y hundió su dedo índice en mi mejilla. Se sentía agradable que después de tantos años alguien te toque. Me hacía vivir recuerdos ya enterrados hace décadas. -Eres físicamente presente y tu piel es tibia. -Se fue corriendo hacia el comedor.

-Espera, ¡por favor, no huyas!

Mi trabajo cada día se volvía más y más complicado. Desde luego no era tan habitual en mi existencia tener que dar mensajes y ayudar a los humanos, pero las pocas veces que debía hacerlo se volvía un problema. Aparecí al lado de ella, y le toqué en el hombro. -¿No podemos tomarnos esto con calma? Sé que te debe resultar traumático, pero te aseguro que estarás segura junto a mí.

-No estaba huyendo de ti. Esos ojos verdes tan bonitos que tienes son de buena persona. Me apuesto lo que quieras a que nunca has roto un plato. Pensé que habrías forzado mi cerradura, pero no. Vine a comprobarlo y sigue cerrado por dentro. Por las ventanas es imposible que entres porque sería un suicidio. Así que sólo me queda que de veras te has aparecido de la nada. Uuuuhhhhhmmm… Tengo pocas ideas. ¿Eres un fantasma, un espíritu, un demonio, te he imaginado o un extraterrestre?

-Lucía, ¿creerás lo que te diga?

-Visto lo visto, no me queda otra cosa que creerte. Además, eres como un misterio sin resolver. Me haces sentir curiosidad. Empieza, mañana madrugo.

Atraje con mi mente un par de sillas del comedor. La senté en una de ellas y yo me senté frente a ella. -Ante todo, quiero que sepas que estoy aquí para ayudarte en un futuro próximo y luego más lejano. Jamás te haré ningún tipo de daño. Tan sólo deseo ayudarte con tu futuro.

-Bien, gracias. Sigue.

Espero que esta niña no me de la razón como los locos, no era la primera vez que me pasaba y siempre terminaba mal si resultaba así. -Puedo ver tu pasado, tu presente y parte de futuro. Según lo que hagas o decidas, tu futuro cambia y eso puedo verlo como una película. Mañana ocurrirá algo y hasta ahora tu estado emocional me indica que no podrás superarlo. Necesito ayudarte a superarlo para que no te ocurra nada malo.

CONTINUARÁ.

Conversación con la muerte: parte 2

Agosto 18th, 2009

Introducción:

El el capítulo se enlaza directamente con el anterior ;)

Parte 2

-Oh, bueno, si no es una broma, ¿qué es? No me digas que eres uno de esos extraterrestres de visita de los que tanto habla la vecina del tercero. -Ahora sus ojos estaban mirándome con burla.

-No vengo de ningún otro planeta. Nacía aquí. ¿Podemos ignorar todo esto de mi existencia y pasar a lo importante? Debo entregarte un mensaje.

Lucía se sentó también en la cama volviendo a desperezarse con movimientos lentos, confiados.

-Vale, te creo. Vienes de lejos y todo eso. Nunca había soñado despierta ni tenido alucinaciones antes,  creo que cenar tanta pizza no me sentó bien. Así que chico guapo alucinógeno, ?cuál es ese mensaje tan importante?

-No puedo darte el mensaje si no crees en ello. No serviría de nada. Es probable que en ese caso fuera peor recibirlo que ignorarlo.

-Por mi perfecto. Vete y déjame dormir. Yo trabajo mientras tú duermes en mis fantasías.

El chico se levantó y comenzó a dar paseos por la habitación. Lucía lo ignoró e hizo por volver a dormirse. -Ni se te ocurra niña. Quédate despierta mientras pienso en todo esto. -Volvió a dar vueltas con la mirada perdida en alguna idea lejana.

Lucía parecía estar harta de esperar a que él se marchara por donde había venido. Ella se levantó y se fue a la cocina. Empezó a servirse los restos de la pizza y un refresco. Estaba calentando en el microondas su tentempié de medianoche cuando El chico de negro se asomó a la puerta.

-¿Cómo podría convencerte de que soy quien soy? -Dijo él.

-Mira, chico alucinógeno, ni idea. Ya quedamos en que no eres un extraterrestre. Dime qué eres y luego márchate.

-¿Podrías dejar de llamarme chico alucinógeno? Es bastante desagradable que te llamen así.

-Como prefieras. ¿Cuál es tu nombre? Creo que en realidad debería de ponértelo yo…

-José. Llámame José.

-José, vaya que nombre tan normal, esperaba algo más raro. -Lucía sacó la pizza del microondas y empezó a comerse la primera porción. -No sé, para haber aparecido de la nada me imaginaba algo más interesante.

-Siento desilusionarte, Lucía. -Creo que ahora puedo ir manejando la situación, por lo menos ya no me pone apodos. Lo cual es un alivio… ¿cómo podría seguir para no asustarla y que me crea?

Mientras Lucía trabajaba en la cocina, haciendo algo caliente en el microondas yo no podía dejar de mirarla. Su vida, su ánima dependía de mi, de lo bien o mal que lo hiciese esta noche. Deseaba salvar su espíritu, pero no podía dejar de pensar en que era una niña y en lo iba a pasar muy mal al día siguiente. Sólo esperaba poder aliviarla, protegerla, ella era una persona muy dulce y emocionalmente frágil. Si no hacía esto de manera correcta, su alma quedaría atrapada entre dos mundos, por decirlo de alguna manera. Se convertiría en un fantasma vagabundo y sin rumbo. Cada vez que un ser humano quedaba atrapado de semejante manera, una parte de nosotros moría, era tan desolador como perder un brazo o una pierna. Resultaba doloroso haber perdido a una de nuestras ánimas.

Continuará.

Conversación con la muerte: parte 1

Agosto 15th, 2009

La noche era fría, invernal, tormentosa. La habitación en penumbra se iluminaba con cada rayo que la tormenta traía. Los truenos eran el único sonido en aquella habitación. En un rincón del dormitorio, descansaba una joven, profundamente dormida. No parecía presentir nada fuera de lo común. Tenía las piernas enredadas con el edredón, su cabello negro y lacio estaba desparramado por la almohada y su pálido rostro. Sus manos abrazaban con fuerza uno de los tantos cojines de la cama.

Una sombra destacaba entre las demás en la oscuridad del dormitorio. Pero la chica, totalmente dormida parecía no advertir nada extraño. Otro rayo iluminó la estancia durante un instante. La sombra de antes se movió y en ese momento un cuerpo vestido de negro apareció, su rostro fue iluminado por esa luz. Se trataba de un hombre de unos treinta años, de cuerpo esbelto sin ser demasiado delgado, bajo sus ropas negras se notaba que debía de tratarse de alguien fuerte. Su pose era de una persona segura en sí misma. Su rostro algo pálido y salteado con algunas pecas, lo hacían parecer alguien lleno de inocencia, aunque sus labios demostraban preocupación y sus ojos una larga vida. Su cabello dorado brillaba en las sombras.

-Despierta Lucía. Necesito que despiertes. -dijo aquel hombre que antes se escondía en las sombras de la habitación de la joven. La mano del hombre tocó una de las manos de Lucía, pero ella sólo refunfuñó, cambió de posición y siguió durmiendo.

-Vamos, despierta. -El chico acarició su rostro y frunció el ceño. Lucía se estiró aún con los ojos cerrados. Pero en cuanto abrió los ojos, un chillido agudo desgarró el silencio del lugar.

-El chico le tapó la boca con su mano. -Ssshhhh… -Tranquila, no vengo a hacerte daño. ¿Prometes no gritar si quito la mano?

Lucía parecía estar muerta de miedo, temblaba bajo las manos de aquel hombre que había aparecido sin más. Las lágrimas comenzaron derramarse por sus rosadas mejillas.

-Niña, deja de llorar. No soy alguien malvado. ¿Vas a tranquilizarte?

Ella asintió, pero siguió llorando. Él cogió de la mesita de noche un pañuelo de la caja desechable que tenía ella. Se lo ofreció mientras se sentaba al lado de Lucía en la cama.

-Cálmate… yo… -El chico le tocó la mejilla llena de lágrimas y se las secó con otro de los pañuelos mientras la miraba.  – No voy a hacerte daño. Soy algo así como un amigo.

-¿Quién eres? -Dijo ella.

-No puedo decírtelo. Va contra las reglas incluso que me veas.

Lucía abrió los ojos, luego su rostro cambió y comenzó a sonreír. -Venga, va… ya lo he descubierto, es una broma de mis compañeros de trabajo, ¿no? No, espera… se trata de Hugo… siempre gastando bromas. ¿Cuánto te ha pagado?

-Esto es más difícil de lo que me pensaba. Veamos… Nadie me ha pagado. No es una broma y soy algo así como un amigo de otro plano astral. -¿Porqué cada año resultaba más difícil? La gente cada día dejaba más de lado lo paranormal dando explicaciones lógicas y científicas a cada circunstancia en la que nosotros teníamos algo que ver. Tener que dar explicaciones como esta no era agradable. Prácticamente no existíamos para los humanos, mi trabajo cada día se convertía en algo más incómodo.

Actualizando los cambios

Julio 5th, 2009

Hola:

Ya terminé un relato corto que tengo en borrador, lo titulé conversación con la muerte. En cuanto lo termine de corregir lo publico. Es una historia corta a parte de Casiopea, no tiene relación alguna, aún así espero que os guste tanto como yo disfruté escribiéndola.

En cuanto termine de corregir el texto pongo el post.

Agradecimientos a Adsise por su colaboración y por servirme como inspiración en mis historias, además de tragarse todos los textos que escribo y darme su opinión constructiva. José, espero que no te hayas avergonzado demasiado al leer a cierto personaje, jejejjejejeje.

¡Hasta pronto!

PD: Susi, José, estoy entusiasmada por ver las ideas que tenéis pensadas para este relato ;)

En Proceso de cambios

Mayo 3rd, 2009

Tengo pensado algunos cambios para la web, así que no os preocupéis si comienzan a aparecer y desaparecer post y comentarios de la web. He decidido organizarlo todo de manera distinta y tal vez me lleve unos días ponerlo todo a  mi gusto.

En cuanto tenga todo controlado, eliminaré este anuncio.

Ya me contaréis que os parecen las nuevas ideas.

Hasta pronto!

Nota: Para cualquier duda podéis mandarme un comentario o un correo electrónico ;)

Pesadilla II

Octubre 29th, 2008

LLegué a unos pasillos que parecían estar para el personal que trabajaba allí. Disminuí el paso para no dar la voz de alarma, a unos diez metros había un hombre de unos cincuenta años, con un mono azul y una caja de herramientas. Me miró con interés pero no se paró junto a mí ni me habló. En cuanto vi que lo perdía de vista empecé a aligerar el ritmo.

En cuanto salí de los pasillos poco iluminados llegué a una de las salas de espera, había una luz intensa, me di cuenta que la sudadera, aunque oscura, tenía manchas de sangre en mi manga derecha. No me quedó otro remedio que quitarme la sudadera y tirarla a uno de los cubos de basura. Me daba pena, me gustaba.

Empezaba a relajarme, no vi mucha gente, me disponía a salir de aquel lugar. Me dirigí hacia el exterior, era de noche, así que no había demasiada luz, donde mi rostro crispado habría resultado delatador. Doblé por una esquina y me acerqué con cuidado a la parada de taxis, no había ninguno y tampoco tenía el móvil para llamar; me sentía algo nerviosa, no podía dejar de moverme, un pie, luego el otro, estaba casi a punto de la histeria. ¿Dónde se metían los taxis cuando una los necesitaba?

Noté algo en mi cintura, me giré bruscamente, mi acosador me estaba agarrando y me sonreía, su mirada lasciva me repugnaba, la bilis se me subía por la garganta. Intenté con todas mis fuerzas repeler su agarre, pero era mucho más fuerte que yo. Me empujó  hacia la pared que había más cercana,  mi cuerpo tenso se estaba preparando para luchar, pero no podía soltarme, empujaba y pataleaba una y otra vez sin conseguir que mi agresor notara alguna diferencia. seguía sonriéndome. – “Ven aquí preciosa; no tengas miedo, no tengo intenciones de torturarte, tan sólo voy pasar un buen rato contigo. Luego me alimentaré y te mataré sin que sientas dolor. Un ser tan hermoso como tú no ha de sufrir dolor.”

-”¡DÉJEME!” Dije alzando la voz, imponiendo autoridad. Grité con todas mis fuerzas. Pero a los dos segundos aplacó mi grito de socorro con su mano, apenas me dejaba respirar. Con la otra mano me tenía totalmente pegada a la pared sin movilidad. -”No seas cruel preciosa, no me dejarás disfrutar si no paras de gritar y empujar como una loca.”  -Sus palabras me repugnaban, tenía más ganas de vomitar que de huir.

Relajé mi cuerpo, no quería gastar energías. Él lo notó, -” así me gusta preciosa, que seas una buena chica y me dejes hacer.” Quitó su mano de mi boca, pude tomar oxígeno, pero no grité, no había nadie cerca para que acudiera a socorrerme. Me retiró el cabello del rostro y me miró con mirada ansiosa. -”Preciosa… ummmhhhh…”

Mientras con su mano libre tocaba mi rostro, cosa que me asqueaba, fui deslizando el cuchillo con el que le había herido anteriormente, esperaba que él no lo notara. La punta del cuchillo estaba ya rozando mi muñeca. Se arrimó más a mí pero me liberó las manos, notaba su respiración en mi cuello, no me gustaba el contacto. Tenía el cuchillo agarrado con la fuerza suficiente, giré la muñeca y con todas mis fuerzas le clavé el cuchillo en el vientre. No sabría decir cuanto era el daño que le había causado. Tenía los ojos abiertos por la sorpresa, pero no hizo ningún  gemido de dolor. Volví con toda mi ira a atacar en el vientre de nuevo y una tercera vez. por fin se apartó de mí y se cayó de espaldas sobre la acera mojada. nada.

Lo vi morir en aquel momento, dejó de respirar y se quedó totalmente quieto.

De repente no estaba en la calle, estaba en mi habitación del hotel, la lámpara de la mesita de noche estaba encendida. Una mano sujetaba mis dedos de la mano izquierda. Sentía mi cuerpo temblando y empapado, miré hacia abajo y descubrí que tenía el torso mojado de sudor, como si hubiese estado con fiebre alta y demasiado abrigada. Miré hacia la mano que sujetaba la mía, luego el brazo, el torso y por último el rostro. Arsen estaba con los ojos tristes. Miraba mi rostro como si fuese a morirme en cualquier momento.

-”¿Te encuentras mejor? Has estado moviéndote mucho esta  noche, tus mantas estaban en el suelo. Vine en cuanto escuché jadeos, pensé que te atacaba alguien, aunque no podía sentir en la habitación a nadie más a parte de ti.”

-”Siento haberte dado una falsa alarma. Sólo era un mal sueño, me ocurre bastante a menudo.” -Me levanté y fui al baño, bebí agua directamente del grifo del lavabo. Sentía una fuerte necesidad de agua, no sólo dentro de mí; me desnudé y me duché con el agua tibia. El gel de baño, con olor a lavanda me refrescaba la mente, me traía agradables sensaciones y me hizo olvidar el aroma de la sangre en mi sueño. Me enrollé la toalla alrededor del cuerpo y salí aún mojada del baño. Pensaba que estaba sola, pero no, Arsen seguía sentado en el borde de mi cama, con esa mirada suya de espanto y preocupación.

Cogí una muda limpia del armario y volví al baño para vestirme. Salí de nuevo al dormitorio y seguía tal cual. -”Siento haberte hecho venir, ya estoy bien. Gracias.”

-”No, no estás bien, tienes fiebre.”

-”No me siento enferma Arsen, sería por dormir mal, en cuanto descanse estaré bien”

Arsen se levantó y no hizo caso de mis explicaciones, como siempre dudó de mí. Colocó su mano sobre mi frente. -”Tienes fiebre, acuéstate y sé una buena chica.” Esas palabras, me recordaron mi pesadilla. -”Tienes miedo en tus ojos. Déjame ayudarte, dime que es lo que ocurre.”

Le conté a Arsen todo el sueño, que en realidad no era un sueño, era un recuerdo que me venía muy amenudo al dormir. Cada uno de los detalles era real. Todo había ocurrido y por eso me hacía sentir tan mal. Arsen me escuchó, siempre muy serio y precopado, sin preguntar ni cuestinar mi asesinato; en defensa propia, pero asesinato. Sin embargo tenía muy claro que si volviera atrás en el tiempo, volvería a matarle.

Sin decir una palabra me sentó en la cama y me recostó, me tapó con la colcha que estaba en el suelo y  me arropó. -”Me quedaré esta noche en tu habitación. Si vuelvo a ver que sueñas algo malo, te despertaré y te consolaré. Nunca debistes pasar por algo así.” -Sus palabras me reconfortaban, lo tenía a mi lado como a un amigo, algo que no ocurría habitualmente. No sólo mi protector, sino también alguien que se preocupa por los sentimientos. Estaba mejor emocionalmente.

-”No hace falta, te lo agradezco de todas formas, pero no es necesario. No tengo ganas de tenerte durmiendo toda la noche en la alfombra sólo para saber si tengo o no pesadillas. Mañana nos vemos.”

Arsen me robó una de las almohadas de mi cama, cogió un par de mantas del armario, y se tumbó en la alfombra, tal como imaginaba. -”Mañana nos vemos.”

-”Ni hablar, no puedes dormir en la alfombra toda la noche, acabarás con la espalda destrozada.”

-”Sí que puedo.”

-”Estás como una cabra. No puedo dejarte dormir ahí sólo por precaución a mis sueños. Puedes dormir en mi cama.” La cama era de matrimonio, así que tendríamos sitio sin molestarnos uno al otro.

-” Acabas de soñar como casi te viola, te merienda y te asesina un áfimo. ¿Crees que soy capaz de meterme en tu cama sabiendo los recuerdos tan desagradables que puedo traerte? Nunca te haría eso. Pero gracias por el ofrecimiento.” Con una sonrisa apagó la luz y me arropó de nuevo. Me quedé pensando en las razones que me había dado para rechazar la comodidad de la cama. Su caballerosidad no le permitía rozarme mientras dormía sabiendo que acababa de soñar todo aquello, quería ayudarme y no molestarme aún más.

-¿Alguna vez se olvidan los asesinatos que comete uno aunque no sean premeditados? No soy una asesina, pero tampoco una mártir.” -¿Alguna vez desaparecería aquel lúgubre sueño? ¿Había hecho lo correcto? Mi mente seguía bailando entre pregunta y pregunta, no dejaba de pensar en lo mismo cada noche que me despertaba así.

Arsen me miró y luego dijo: -” Lo siento, pero no. No conozco a nadie que sea capaz de olvidar una muerte, ni auque sea un accidente o sea en defensa propia. No fue culpa tuya, consuélate con eso. Si nunca te hubiera atacado no lo habrías matado. Y si no te hubieras defendido habrías sufrido y luego te habría asesinado a  sangre fría, Seguiría con más víctimas hasta que alguien tuviese el valor de hacer lo que hicistesque tú. Soy más culpable yo.”

Arsen me dejó perpleja. -”¿Culpable tú?”

-Sé todo lo ocurrido, tu protector llegó tarde y vio la última escena desde bastante lejos, no pudo hacer nada más que hacer desaparecer el cadáver para que nadie te siguiera la pista. Yo estaba aquí, para una reunión sobre tu destino, mandaron a un sustituto que no estaba lo suficientemente capacitado para el trabajo. Nunca debí haberte dejado sola, tenía protegerte y no,lo hice.”

-”No tienes la culpa.”

-”Tú tampoco. Duerme”

Cerré los ojos y me dejé ir en la oscuridad. Nunca supe si mis sueños de aquella noche fueron bellos o turbadores, no recordé nada.

Pesadilla

Septiembre 23rd, 2008

Mi rostro estaba mojado, ni de lluvia, ni de lágrimas, esta vez era de sudor. Huía por salvar mi vida. Temía que mi respiración agitada revelase mi paradero, un pequeño hueco al lado de una estantería. Tenía que hacer algo. Encontrar algo, estaba en lo que parecía las cocinas de uno de los restaurantes de comida rápida del aeropuerto  de Gaulle, en París. Un hombre, de piel clara, pelo oscuro y el rostro lleno de cicatrices me seguía; cada vez estaba más próximo y mi respiración era más rápida.

Me iba a encontrar, lo presentía. No podía hacer nada, en mi vida me habían acechado, hasta ahora, no me había sentido amenazada.

El sudor me resbalaba por la frente, la camiseta la tenía empapada de tanto correr. No tenía más salida, tenía que enfrentarme a ese hombre y luchar. Cogí un cuchillo que divisé en la estantería.

-”Ójala esté afilado.” -Pensé.

A cuatro patas y con mi arma improvisada en el cinturón de los vaqueros, me fui arrastrando entre el mobiliario, había muchas estanterías llenas de utensilios de cocina y alimentos cerrados. Tenía que conseguir un buen lugar para mi ataque, algo que luego me diera la ventaja de poder huir mientras lo dejaba herido. Necesitaba un salvoconducto.

Poco a poco el desconocido iba acercándose, podía ver sus pies por debajo de los muebles. Mi pulso se aceleraba,  empezaba a pensar que era incluso posible que se pudieran oir mis latidos a la distancia, tenía el corazón loco de tanto bombeo. El cuchillo en la mano, estaba preparada para el ataque, no tenía más remedio si quería salir con vida de aquel lugar, no podía hacer nada más. Se acercaba, más. Estaba precisamente en la otra parte del estante, podía alcanzarlo por debajo. Estiré el brazo con todas mis fuerzas, intentando aplacar el grito de guerra que intentaba desgarrar el silencio. Con todas mis fuerzas, pero aún así me parecía ver cada uno de mis movimientos a cámara lenta, por mucho que me esforzara en ir más rápido o más fuerte, me parecía demasiado débil.

Mi arma dio en el blanco, noté un pinchazo en los tendones de mi mano, había chocado contra algo duro, ¿su tobillo? Un grito me alarmó, aún me asusté más. Rápidamente retiré el cuhillo, y salí corriendo. No era mucho pero le había distríado. Por lo menos ahora podía correr. Pasos pesados iban trás de mí, giré mi cuello mientras corría por el lugar, aquel hombre seguía siguiendome, cojeaba y aún así aguantaba el dolor para seguir mis pasos. Dejé de mirar atrás. Corriendo tropecé con algo, no sé que fue lo que tiré, pero el sonido era como de cristales rotos, yo seguía corriendo.

¿Accidente? II

Agosto 3rd, 2008

Arsen me acompañó, ¿o debería decir que me escoltó? Hasta su habitación. Cerró la puerta con llave en cuanto entramos, luego, me dejó en el centro de la habitación mientras él escudriñaba la estancia, incluidos los armarios y el baño. Tanta preocupación me parecía exagerada. ¿Quién era yo para que alguien se colara de forma furtiva en un hotel para vigilarme? Estaba claro que no tenía tanto interés, no merecía la pena tanto trabajo para localizar a una joven. Según Arsen, yo era alguien importante en su sociedad, mi sociedad, que aún no conocía. Él me prometió días atrás, antes de empezar a escribir mi blog, que no habría más mentiras, y cómo no sabía por dónde comenzar, prefirió tomar el ejemplo del alumno profesor; yo pregunto y él responde. Y estaba claro que esta noche sería una noche interesante.

Arsen regresó a mi lado, me miró y encendió su portátil, no le había preguntado por su equipo, quedaba claro que sería un último modelo, al igual que todos los equipos de nuestra raza. Me sentía incómoda recibiendo tantos presentes del consejo. Arsen decía que era igual para los demás atlantes, todo era por nuestra seguridad. Todavía me preguntaba para que necesitaba semejante equipo, lo único que hacía era ver pelis, escuchar música, conectarme en chat con Olive y publicar en mi blog. Arsen abrió un programa, no lo conocí.

-“Bien, tal vez esto te resulte duro, pero me dijiste que deseas la verdad, por dolorosa que sea.” – Sus ojos parecían cansados, imaginé todas esas noches casi sin dormir, procurando protección para mí. – “Este programa es un simulador, lo usamos para ver cómo pueden transcurrir ciertos sucesos. Después de revisar todas las pruebas, han montado un simulación de lo que ocurrió aquella noche que tu madre pereció. Depende de ti si deseas verlo o no.”

Era decisión mía, tal como le pedí hace tiempo, cuando noté cosas extrañas a mi alrededor y exigí explicaciones. Ahora tenía por delante de mí más respuestas, dolorosas.

-”Deseo ver el vídeo.” -Ya estaba dicho, ójala no acabara humillada por mis lágrimas, ya notaba humedad en mis ojos.

-”De acuerdo,sabemos que tu madre salió de una cafetería en el centro de París. Su coche, un mercedes c63 amgestaba estacionado en la acera de en frente. Subió al coche y creemos que notó que alguien la perseguía. Aceleró y logró salir del centro. A las afueras, fue cuando un grupo de asesinos áfimos hicieron explotar su vehículo. Ya sabes el resto. Ahora el vídeo.”

Vi un monigote, debía se ser mi madre, Selena, con su pelo castaño rojizo, el mismo que yo había heredado, al viento. Subía a un coche plateado, al poco trayecto, otro coche, oscuro, emergía trás el de mi madre. El coche plateado aceleraba, en ocasiones perdía el control en las curvas, aceleraba y frenaba perdiendo cada vez más el control. Según los periódicos humanos, la explosión se produjo a las afueras de París. Cuando el coche oscuro iba perdiendo terreno, sin más, el auto plateado, en el que viajaba mi madre, explotó. Fue entonce cuando mis mejillas se mojaron, una lágrimas trás otra, perdí el control.

-”Siento lo ocurrido; si hay algo que…” -Arsen se acercó a mí, colocó una mano en mi espalda y apoyó mi rostro sobre su pecho. Mis lágrimas no paraban.

-”Te estoy manchando la camisa, lo siento”. -Me aparté despacio, aunque él dejó su mano sobre mi espalda. Dándome protección, apoyo. Sin duda algo agradable, por primera vez, Arsen fue humano.

Una leve sonrisa apareció en los labios del atlante que tenía a mi lado. -”No te preocupes, ¿te encuentras mejor?”

Asentí, me se sequé el rostro con el pañuelo que Arsen me acercaba y medio sonreí. -”Hoy pareces humano.”

-”Siempre fui tan humano como tú. Pero tú a veces despiertas emociones que encerré hace bastante tiempo, mi cambio de humano a atlante fue algo dramático.” Volvía a brillar la seriedad en los ojos de Arsen.

-”No piensas contarlo, ¿verdad?”

-”Me temo que no es una historia agradable; tal vez algún día me ablandes lo suficiente para que te la cuente, pero aún no ha llegado ese momento. -Asentí, no podía obligarle a descubrir los sentimientos que yo misma habría mantenido ocultos en su lugar.

-”Tienes razón. Creo que deberías seguir con nuestra conversación. ¿Por qué explotó el coche de mi madre? El coche negro, el de los asesinos, no chocó contra él. No tiene sentido.”

Arsen volvía a estar preocupado, debía de temer que volviera a converirme en una lluvia torrencial.     -”Durante las investigaciones, se averiguó que en el maletero del auto de Selena, se hallaban 100 kilos paroximadamente de amonal. El amonal es usado habitualmente por ciertos grupos terroristas, tanto entre humanos como entre los nuestros. Supongo que habrás oído hablar de él en las noticias humanas.

Volví a asentir. El amonal aparecía en las noticias. Hasta ahora no le había prestado atención, nadie espera quedar reducido a las cenizas por explosivos.

-”Creo que el grupo de asesinos, no quedaría satisfecho hasta estar seguros de la muerte de Selena. No veo otro motivo para su persecusión, la condujeron como al ganado hasta las afueras, donde no habría testigos, para luego detonar su coche y huir.

Eso es algo horrible, pensé. -”Hay algo más que deba saber?”

-”Si tienes alguna otra pregunta, te la responderé lo mejor que pueda, pero por ahora, no se me ocurre nada más.”

Negué con la cabezá, En cualquier otro momento tendría miles de dudas, no habría parado de saciar mi curiosidad en toda la noche; pero ahora, quería estar sóla de nuevo, mirar las estrellas e intentar no pensar en nada. Arsen se acercó a la puerta, la abrió y me acompañó a mi habitación, que estaba a continuación. Volvió a observarlo todo antes de  hablar. – “Estarás esta noche aquí?”

- No, estaré en la terraza, de momento.” El único lugar donde podría estar sola al aire libre, la terraza de mi habitación en el hotel.

¿Accidente? I

Junio 30th, 2008

fijé la vista en la luna, tan perfecta, tan lejos de la humanidad…

La noche transcurría tranquila. Me escapé a la azotea del hotel. Mirar las estrellas durante la noche, era algo que realmente me relajaba, me sentía tan pequeña e insignificante, que dejaba de pensar en mí misma, en mis problemas. Era imposible ver una estrella, estaban todas ocultas por la luminosidad de la ciudad; fijé la vista en la luna, tan perfecta, tan redonda, tan llena, tan lejos de la humanidad…

Cerré los ojos, la brisa nocturna acariciaba mi rostro. Una sensación de paz me recorría la columna vertebral, era un suave cosquilleo que me decía que nada podría pasar.

Una voz me sobresaltó. – “Te dije que no salieras de tu habitación sin avisarme.” -Arsen estaba frente a mí, su mirada fija en mis ojos, sus labios apretados en una línea que parecía de enfado.

Otra vez venía mi niñera al rescate. ¿Era tan difícil conseguir estar sola? – “No sé de qué te preocupas. ¿Crees que estoy tan deprimida para tirarme por la azotea? Siento defraudarte, pero no tengo esa intención.” – Me estaba volviendo loca, a este paso, con tanta sobreprotección sí era posible que acabara tirándome de un edificio, aunque sólo fuese por matar el tiempo.

- “Por desgracia, ese no es tú único peligro. Cualquiera puede aparecer aquí y hacerte daño. ¿Tanto te cuesta avisarme de tu excursión?” -Maldito atlante arrogante sabelotodo.

- “Arsen, no estoy de excursión, deseo estar sóla. Avisándote sería imposible, ya que estaría tomando el aire contigo tras de mí, vigilando cada paso. Acostúmbrate o tendrás berrinches a cada minuto.” – Estaba loco si pensaba que iba a doblegarme bajo su voluntad. Si quería vigilarme, adelante, nadie puede permanecer despierto todo el tiempo.

El atlante miró hacia la pequeña puerta que daba a las escaleras, conducían al interior del hotel. Sin duda, estaba tratando de sacarme de allí. Sus movimientos no me sorprendían, después de algunas semanas casi conviviendo con alguien, se acaban aprendiendo algunas cosas. – “Me gustaría hablar contigo. Es importante, en mi habitación tengo algunos datos que tal vez deberías de conocer.” – Con su mano me indicó que pasara delante, hacia la puerta, su cuerpo me tapaba toda posibilidad de acercarme demasiado al filo de la azotea, ¿es posible que Arsen pensase que de verdad cabía la posibilidad de que el suicidio fuera mi salvoconducto de escape? Esperaba que después del tiempo que pasábamos juntos ignorándonos, tuviese más conocimientos sobre mí.