LLegué a unos pasillos que parecían estar para el personal que trabajaba allí. Disminuí el paso para no dar la voz de alarma, a unos diez metros había un hombre de unos cincuenta años, con un mono azul y una caja de herramientas. Me miró con interés pero no se paró junto a mí ni me habló. En cuanto vi que lo perdía de vista empecé a aligerar el ritmo.
En cuanto salí de los pasillos poco iluminados llegué a una de las salas de espera, había una luz intensa, me di cuenta que la sudadera, aunque oscura, tenía manchas de sangre en mi manga derecha. No me quedó otro remedio que quitarme la sudadera y tirarla a uno de los cubos de basura. Me daba pena, me gustaba.
Empezaba a relajarme, no vi mucha gente, me disponía a salir de aquel lugar. Me dirigí hacia el exterior, era de noche, así que no había demasiada luz, donde mi rostro crispado habría resultado delatador. Doblé por una esquina y me acerqué con cuidado a la parada de taxis, no había ninguno y tampoco tenía el móvil para llamar; me sentía algo nerviosa, no podía dejar de moverme, un pie, luego el otro, estaba casi a punto de la histeria. ¿Dónde se metían los taxis cuando una los necesitaba?
Noté algo en mi cintura, me giré bruscamente, mi acosador me estaba agarrando y me sonreía, su mirada lasciva me repugnaba, la bilis se me subía por la garganta. Intenté con todas mis fuerzas repeler su agarre, pero era mucho más fuerte que yo. Me empujó hacia la pared que había más cercana, mi cuerpo tenso se estaba preparando para luchar, pero no podía soltarme, empujaba y pataleaba una y otra vez sin conseguir que mi agresor notara alguna diferencia. seguía sonriéndome. – “Ven aquí preciosa; no tengas miedo, no tengo intenciones de torturarte, tan sólo voy pasar un buen rato contigo. Luego me alimentaré y te mataré sin que sientas dolor. Un ser tan hermoso como tú no ha de sufrir dolor.”
-”¡DÉJEME!” Dije alzando la voz, imponiendo autoridad. Grité con todas mis fuerzas. Pero a los dos segundos aplacó mi grito de socorro con su mano, apenas me dejaba respirar. Con la otra mano me tenía totalmente pegada a la pared sin movilidad. -”No seas cruel preciosa, no me dejarás disfrutar si no paras de gritar y empujar como una loca.” -Sus palabras me repugnaban, tenía más ganas de vomitar que de huir.
Relajé mi cuerpo, no quería gastar energías. Él lo notó, -” así me gusta preciosa, que seas una buena chica y me dejes hacer.” Quitó su mano de mi boca, pude tomar oxígeno, pero no grité, no había nadie cerca para que acudiera a socorrerme. Me retiró el cabello del rostro y me miró con mirada ansiosa. -”Preciosa… ummmhhhh…”
Mientras con su mano libre tocaba mi rostro, cosa que me asqueaba, fui deslizando el cuchillo con el que le había herido anteriormente, esperaba que él no lo notara. La punta del cuchillo estaba ya rozando mi muñeca. Se arrimó más a mí pero me liberó las manos, notaba su respiración en mi cuello, no me gustaba el contacto. Tenía el cuchillo agarrado con la fuerza suficiente, giré la muñeca y con todas mis fuerzas le clavé el cuchillo en el vientre. No sabría decir cuanto era el daño que le había causado. Tenía los ojos abiertos por la sorpresa, pero no hizo ningún gemido de dolor. Volví con toda mi ira a atacar en el vientre de nuevo y una tercera vez. por fin se apartó de mí y se cayó de espaldas sobre la acera mojada. nada.
Lo vi morir en aquel momento, dejó de respirar y se quedó totalmente quieto.
De repente no estaba en la calle, estaba en mi habitación del hotel, la lámpara de la mesita de noche estaba encendida. Una mano sujetaba mis dedos de la mano izquierda. Sentía mi cuerpo temblando y empapado, miré hacia abajo y descubrí que tenía el torso mojado de sudor, como si hubiese estado con fiebre alta y demasiado abrigada. Miré hacia la mano que sujetaba la mía, luego el brazo, el torso y por último el rostro. Arsen estaba con los ojos tristes. Miraba mi rostro como si fuese a morirme en cualquier momento.
-”¿Te encuentras mejor? Has estado moviéndote mucho esta noche, tus mantas estaban en el suelo. Vine en cuanto escuché jadeos, pensé que te atacaba alguien, aunque no podía sentir en la habitación a nadie más a parte de ti.”
-”Siento haberte dado una falsa alarma. Sólo era un mal sueño, me ocurre bastante a menudo.” -Me levanté y fui al baño, bebí agua directamente del grifo del lavabo. Sentía una fuerte necesidad de agua, no sólo dentro de mí; me desnudé y me duché con el agua tibia. El gel de baño, con olor a lavanda me refrescaba la mente, me traía agradables sensaciones y me hizo olvidar el aroma de la sangre en mi sueño. Me enrollé la toalla alrededor del cuerpo y salí aún mojada del baño. Pensaba que estaba sola, pero no, Arsen seguía sentado en el borde de mi cama, con esa mirada suya de espanto y preocupación.
Cogí una muda limpia del armario y volví al baño para vestirme. Salí de nuevo al dormitorio y seguía tal cual. -”Siento haberte hecho venir, ya estoy bien. Gracias.”
-”No, no estás bien, tienes fiebre.”
-”No me siento enferma Arsen, sería por dormir mal, en cuanto descanse estaré bien”
Arsen se levantó y no hizo caso de mis explicaciones, como siempre dudó de mí. Colocó su mano sobre mi frente. -”Tienes fiebre, acuéstate y sé una buena chica.” Esas palabras, me recordaron mi pesadilla. -”Tienes miedo en tus ojos. Déjame ayudarte, dime que es lo que ocurre.”
Le conté a Arsen todo el sueño, que en realidad no era un sueño, era un recuerdo que me venía muy amenudo al dormir. Cada uno de los detalles era real. Todo había ocurrido y por eso me hacía sentir tan mal. Arsen me escuchó, siempre muy serio y precopado, sin preguntar ni cuestinar mi asesinato; en defensa propia, pero asesinato. Sin embargo tenía muy claro que si volviera atrás en el tiempo, volvería a matarle.
Sin decir una palabra me sentó en la cama y me recostó, me tapó con la colcha que estaba en el suelo y me arropó. -”Me quedaré esta noche en tu habitación. Si vuelvo a ver que sueñas algo malo, te despertaré y te consolaré. Nunca debistes pasar por algo así.” -Sus palabras me reconfortaban, lo tenía a mi lado como a un amigo, algo que no ocurría habitualmente. No sólo mi protector, sino también alguien que se preocupa por los sentimientos. Estaba mejor emocionalmente.
-”No hace falta, te lo agradezco de todas formas, pero no es necesario. No tengo ganas de tenerte durmiendo toda la noche en la alfombra sólo para saber si tengo o no pesadillas. Mañana nos vemos.”
Arsen me robó una de las almohadas de mi cama, cogió un par de mantas del armario, y se tumbó en la alfombra, tal como imaginaba. -”Mañana nos vemos.”
-”Ni hablar, no puedes dormir en la alfombra toda la noche, acabarás con la espalda destrozada.”
-”Sí que puedo.”
-”Estás como una cabra. No puedo dejarte dormir ahí sólo por precaución a mis sueños. Puedes dormir en mi cama.” La cama era de matrimonio, así que tendríamos sitio sin molestarnos uno al otro.
-” Acabas de soñar como casi te viola, te merienda y te asesina un áfimo. ¿Crees que soy capaz de meterme en tu cama sabiendo los recuerdos tan desagradables que puedo traerte? Nunca te haría eso. Pero gracias por el ofrecimiento.” Con una sonrisa apagó la luz y me arropó de nuevo. Me quedé pensando en las razones que me había dado para rechazar la comodidad de la cama. Su caballerosidad no le permitía rozarme mientras dormía sabiendo que acababa de soñar todo aquello, quería ayudarme y no molestarme aún más.
-¿Alguna vez se olvidan los asesinatos que comete uno aunque no sean premeditados? No soy una asesina, pero tampoco una mártir.” -¿Alguna vez desaparecería aquel lúgubre sueño? ¿Había hecho lo correcto? Mi mente seguía bailando entre pregunta y pregunta, no dejaba de pensar en lo mismo cada noche que me despertaba así.
Arsen me miró y luego dijo: -” Lo siento, pero no. No conozco a nadie que sea capaz de olvidar una muerte, ni auque sea un accidente o sea en defensa propia. No fue culpa tuya, consuélate con eso. Si nunca te hubiera atacado no lo habrías matado. Y si no te hubieras defendido habrías sufrido y luego te habría asesinado a sangre fría, Seguiría con más víctimas hasta que alguien tuviese el valor de hacer lo que hicistesque tú. Soy más culpable yo.”
Arsen me dejó perpleja. -”¿Culpable tú?”
-Sé todo lo ocurrido, tu protector llegó tarde y vio la última escena desde bastante lejos, no pudo hacer nada más que hacer desaparecer el cadáver para que nadie te siguiera la pista. Yo estaba aquí, para una reunión sobre tu destino, mandaron a un sustituto que no estaba lo suficientemente capacitado para el trabajo. Nunca debí haberte dejado sola, tenía protegerte y no,lo hice.”
-”No tienes la culpa.”
-”Tú tampoco. Duerme”
Cerré los ojos y me dejé ir en la oscuridad. Nunca supe si mis sueños de aquella noche fueron bellos o turbadores, no recordé nada.