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Conversación con la muerte: parte 3

Wednesday, August 26th, 2009

Introducción:

Este capítulo se enlaza directamente con el anterior sin que haya transcurrido tiempo alguno.

Conversación con la muerte: parte 3:

-¿Quieres? -Dijo Lucía mientras me ofrecía una porción de su tentempié.

-No, gracias. Aquí no puedo comer.

-Pues seas lo que seas debe ser muy duro no poder comer. ¿No echas de menos el café o los dulces?

-Puedo comer, pero sólo donde pertenezco.

-¿Pues que mundo tan aburrido. -Puso los ojos en blanco mientras lo decía.

-Lucía, aún sigues pensando que me imaginas, ¿verdad? -Al decir esto ella sonrío, creo que más para sí misma que para mí.

-Tócame, Lucía. Soy real, por lo menos para ti.

Ella puso su mano sobre mi pecho. Luego tocó mi rostro y hundió su dedo índice en mi mejilla. Se sentía agradable que después de tantos años alguien te toque. Me hacía vivir recuerdos ya enterrados hace décadas. -Eres físicamente presente y tu piel es tibia. -Se fue corriendo hacia el comedor.

-Espera, ¡por favor, no huyas!

Mi trabajo cada día se volvía más y más complicado. Desde luego no era tan habitual en mi existencia tener que dar mensajes y ayudar a los humanos, pero las pocas veces que debía hacerlo se volvía un problema. Aparecí al lado de ella, y le toqué en el hombro. -¿No podemos tomarnos esto con calma? Sé que te debe resultar traumático, pero te aseguro que estarás segura junto a mí.

-No estaba huyendo de ti. Esos ojos verdes tan bonitos que tienes son de buena persona. Me apuesto lo que quieras a que nunca has roto un plato. Pensé que habrías forzado mi cerradura, pero no. Vine a comprobarlo y sigue cerrado por dentro. Por las ventanas es imposible que entres porque sería un suicidio. Así que sólo me queda que de veras te has aparecido de la nada. Uuuuhhhhhmmm… Tengo pocas ideas. ¿Eres un fantasma, un espíritu, un demonio, te he imaginado o un extraterrestre?

-Lucía, ¿creerás lo que te diga?

-Visto lo visto, no me queda otra cosa que creerte. Además, eres como un misterio sin resolver. Me haces sentir curiosidad. Empieza, mañana madrugo.

Atraje con mi mente un par de sillas del comedor. La senté en una de ellas y yo me senté frente a ella. -Ante todo, quiero que sepas que estoy aquí para ayudarte en un futuro próximo y luego más lejano. Jamás te haré ningún tipo de daño. Tan sólo deseo ayudarte con tu futuro.

-Bien, gracias. Sigue.

Espero que esta niña no me de la razón como los locos, no era la primera vez que me pasaba y siempre terminaba mal si resultaba así. -Puedo ver tu pasado, tu presente y parte de futuro. Según lo que hagas o decidas, tu futuro cambia y eso puedo verlo como una película. Mañana ocurrirá algo y hasta ahora tu estado emocional me indica que no podrás superarlo. Necesito ayudarte a superarlo para que no te ocurra nada malo.

CONTINUARÁ.

Conversación con la muerte: parte 2

Tuesday, August 18th, 2009

Introducción:

El el capítulo se enlaza directamente con el anterior ;)

Parte 2

-Oh, bueno, si no es una broma, ¿qué es? No me digas que eres uno de esos extraterrestres de visita de los que tanto habla la vecina del tercero. -Ahora sus ojos estaban mirándome con burla.

-No vengo de ningún otro planeta. Nacía aquí. ¿Podemos ignorar todo esto de mi existencia y pasar a lo importante? Debo entregarte un mensaje.

Lucía se sentó también en la cama volviendo a desperezarse con movimientos lentos, confiados.

-Vale, te creo. Vienes de lejos y todo eso. Nunca había soñado despierta ni tenido alucinaciones antes,  creo que cenar tanta pizza no me sentó bien. Así que chico guapo alucinógeno, ?cuál es ese mensaje tan importante?

-No puedo darte el mensaje si no crees en ello. No serviría de nada. Es probable que en ese caso fuera peor recibirlo que ignorarlo.

-Por mi perfecto. Vete y déjame dormir. Yo trabajo mientras tú duermes en mis fantasías.

El chico se levantó y comenzó a dar paseos por la habitación. Lucía lo ignoró e hizo por volver a dormirse. -Ni se te ocurra niña. Quédate despierta mientras pienso en todo esto. -Volvió a dar vueltas con la mirada perdida en alguna idea lejana.

Lucía parecía estar harta de esperar a que él se marchara por donde había venido. Ella se levantó y se fue a la cocina. Empezó a servirse los restos de la pizza y un refresco. Estaba calentando en el microondas su tentempié de medianoche cuando El chico de negro se asomó a la puerta.

-¿Cómo podría convencerte de que soy quien soy? -Dijo él.

-Mira, chico alucinógeno, ni idea. Ya quedamos en que no eres un extraterrestre. Dime qué eres y luego márchate.

-¿Podrías dejar de llamarme chico alucinógeno? Es bastante desagradable que te llamen así.

-Como prefieras. ¿Cuál es tu nombre? Creo que en realidad debería de ponértelo yo…

-José. Llámame José.

-José, vaya que nombre tan normal, esperaba algo más raro. -Lucía sacó la pizza del microondas y empezó a comerse la primera porción. -No sé, para haber aparecido de la nada me imaginaba algo más interesante.

-Siento desilusionarte, Lucía. -Creo que ahora puedo ir manejando la situación, por lo menos ya no me pone apodos. Lo cual es un alivio… ¿cómo podría seguir para no asustarla y que me crea?

Mientras Lucía trabajaba en la cocina, haciendo algo caliente en el microondas yo no podía dejar de mirarla. Su vida, su ánima dependía de mi, de lo bien o mal que lo hiciese esta noche. Deseaba salvar su espíritu, pero no podía dejar de pensar en que era una niña y en lo iba a pasar muy mal al día siguiente. Sólo esperaba poder aliviarla, protegerla, ella era una persona muy dulce y emocionalmente frágil. Si no hacía esto de manera correcta, su alma quedaría atrapada entre dos mundos, por decirlo de alguna manera. Se convertiría en un fantasma vagabundo y sin rumbo. Cada vez que un ser humano quedaba atrapado de semejante manera, una parte de nosotros moría, era tan desolador como perder un brazo o una pierna. Resultaba doloroso haber perdido a una de nuestras ánimas.

Continuará.

Conversación con la muerte: parte 1

Saturday, August 15th, 2009

La noche era fría, invernal, tormentosa. La habitación en penumbra se iluminaba con cada rayo que la tormenta traía. Los truenos eran el único sonido en aquella habitación. En un rincón del dormitorio, descansaba una joven, profundamente dormida. No parecía presentir nada fuera de lo común. Tenía las piernas enredadas con el edredón, su cabello negro y lacio estaba desparramado por la almohada y su pálido rostro. Sus manos abrazaban con fuerza uno de los tantos cojines de la cama.

Una sombra destacaba entre las demás en la oscuridad del dormitorio. Pero la chica, totalmente dormida parecía no advertir nada extraño. Otro rayo iluminó la estancia durante un instante. La sombra de antes se movió y en ese momento un cuerpo vestido de negro apareció, su rostro fue iluminado por esa luz. Se trataba de un hombre de unos treinta años, de cuerpo esbelto sin ser demasiado delgado, bajo sus ropas negras se notaba que debía de tratarse de alguien fuerte. Su pose era de una persona segura en sí misma. Su rostro algo pálido y salteado con algunas pecas, lo hacían parecer alguien lleno de inocencia, aunque sus labios demostraban preocupación y sus ojos una larga vida. Su cabello dorado brillaba en las sombras.

-Despierta Lucía. Necesito que despiertes. -dijo aquel hombre que antes se escondía en las sombras de la habitación de la joven. La mano del hombre tocó una de las manos de Lucía, pero ella sólo refunfuñó, cambió de posición y siguió durmiendo.

-Vamos, despierta. -El chico acarició su rostro y frunció el ceño. Lucía se estiró aún con los ojos cerrados. Pero en cuanto abrió los ojos, un chillido agudo desgarró el silencio del lugar.

-El chico le tapó la boca con su mano. -Ssshhhh… -Tranquila, no vengo a hacerte daño. ¿Prometes no gritar si quito la mano?

Lucía parecía estar muerta de miedo, temblaba bajo las manos de aquel hombre que había aparecido sin más. Las lágrimas comenzaron derramarse por sus rosadas mejillas.

-Niña, deja de llorar. No soy alguien malvado. ¿Vas a tranquilizarte?

Ella asintió, pero siguió llorando. Él cogió de la mesita de noche un pañuelo de la caja desechable que tenía ella. Se lo ofreció mientras se sentaba al lado de Lucía en la cama.

-Cálmate… yo… -El chico le tocó la mejilla llena de lágrimas y se las secó con otro de los pañuelos mientras la miraba.  – No voy a hacerte daño. Soy algo así como un amigo.

-¿Quién eres? -Dijo ella.

-No puedo decírtelo. Va contra las reglas incluso que me veas.

Lucía abrió los ojos, luego su rostro cambió y comenzó a sonreír. -Venga, va… ya lo he descubierto, es una broma de mis compañeros de trabajo, ¿no? No, espera… se trata de Hugo… siempre gastando bromas. ¿Cuánto te ha pagado?

-Esto es más difícil de lo que me pensaba. Veamos… Nadie me ha pagado. No es una broma y soy algo así como un amigo de otro plano astral. -¿Porqué cada año resultaba más difícil? La gente cada día dejaba más de lado lo paranormal dando explicaciones lógicas y científicas a cada circunstancia en la que nosotros teníamos algo que ver. Tener que dar explicaciones como esta no era agradable. Prácticamente no existíamos para los humanos, mi trabajo cada día se convertía en algo más incómodo.