¿Accidente? I

La noche transcurría tranquila. Me escapé a la azotea del hotel. Mirar las estrellas durante la noche, era algo que realmente me relajaba, me sentía tan pequeña e insignificante, que dejaba de pensar en mí misma, en mis problemas. Era imposible ver una estrella, estaban todas ocultas por la luminosidad de la ciudad; fijé la vista en la luna, tan perfecta, tan redonda, tan llena, tan lejos de la humanidad…
Cerré los ojos, la brisa nocturna acariciaba mi rostro. Una sensación de paz me recorría la columna vertebral, era un suave cosquilleo que me decía que nada podría pasar.
Una voz me sobresaltó. – “Te dije que no salieras de tu habitación sin avisarme.” -Arsen estaba frente a mí, su mirada fija en mis ojos, sus labios apretados en una línea que parecía de enfado.
Otra vez venía mi niñera al rescate. ¿Era tan difícil conseguir estar sola? – “No sé de qué te preocupas. ¿Crees que estoy tan deprimida para tirarme por la azotea? Siento defraudarte, pero no tengo esa intención.” – Me estaba volviendo loca, a este paso, con tanta sobreprotección sí era posible que acabara tirándome de un edificio, aunque sólo fuese por matar el tiempo.
- “Por desgracia, ese no es tú único peligro. Cualquiera puede aparecer aquí y hacerte daño. ¿Tanto te cuesta avisarme de tu excursión?” -Maldito atlante arrogante sabelotodo.
- “Arsen, no estoy de excursión, deseo estar sóla. Avisándote sería imposible, ya que estaría tomando el aire contigo tras de mí, vigilando cada paso. Acostúmbrate o tendrás berrinches a cada minuto.” – Estaba loco si pensaba que iba a doblegarme bajo su voluntad. Si quería vigilarme, adelante, nadie puede permanecer despierto todo el tiempo.
El atlante miró hacia la pequeña puerta que daba a las escaleras, conducían al interior del hotel. Sin duda, estaba tratando de sacarme de allí. Sus movimientos no me sorprendían, después de algunas semanas casi conviviendo con alguien, se acaban aprendiendo algunas cosas. – “Me gustaría hablar contigo. Es importante, en mi habitación tengo algunos datos que tal vez deberías de conocer.” – Con su mano me indicó que pasara delante, hacia la puerta, su cuerpo me tapaba toda posibilidad de acercarme demasiado al filo de la azotea, ¿es posible que Arsen pensase que de verdad cabía la posibilidad de que el suicidio fuera mi salvoconducto de escape? Esperaba que después del tiempo que pasábamos juntos ignorándonos, tuviese más conocimientos sobre mí.