Pesadilla

Mi rostro estaba mojado, ni de lluvia, ni de lágrimas, esta vez era de sudor. Huía por salvar mi vida. Temía que mi respiración agitada revelase mi paradero, un pequeño hueco al lado de una estantería. Tenía que hacer algo. Encontrar algo, estaba en lo que parecía las cocinas de uno de los restaurantes de comida rápida del aeropuerto  de Gaulle, en París. Un hombre, de piel clara, pelo oscuro y el rostro lleno de cicatrices me seguía; cada vez estaba más próximo y mi respiración era más rápida.

Me iba a encontrar, lo presentía. No podía hacer nada, en mi vida me habían acechado, hasta ahora, no me había sentido amenazada.

El sudor me resbalaba por la frente, la camiseta la tenía empapada de tanto correr. No tenía más salida, tenía que enfrentarme a ese hombre y luchar. Cogí un cuchillo que divisé en la estantería.

-”Ójala esté afilado.” -Pensé.

A cuatro patas y con mi arma improvisada en el cinturón de los vaqueros, me fui arrastrando entre el mobiliario, había muchas estanterías llenas de utensilios de cocina y alimentos cerrados. Tenía que conseguir un buen lugar para mi ataque, algo que luego me diera la ventaja de poder huir mientras lo dejaba herido. Necesitaba un salvoconducto.

Poco a poco el desconocido iba acercándose, podía ver sus pies por debajo de los muebles. Mi pulso se aceleraba,  empezaba a pensar que era incluso posible que se pudieran oir mis latidos a la distancia, tenía el corazón loco de tanto bombeo. El cuchillo en la mano, estaba preparada para el ataque, no tenía más remedio si quería salir con vida de aquel lugar, no podía hacer nada más. Se acercaba, más. Estaba precisamente en la otra parte del estante, podía alcanzarlo por debajo. Estiré el brazo con todas mis fuerzas, intentando aplacar el grito de guerra que intentaba desgarrar el silencio. Con todas mis fuerzas, pero aún así me parecía ver cada uno de mis movimientos a cámara lenta, por mucho que me esforzara en ir más rápido o más fuerte, me parecía demasiado débil.

Mi arma dio en el blanco, noté un pinchazo en los tendones de mi mano, había chocado contra algo duro, ¿su tobillo? Un grito me alarmó, aún me asusté más. Rápidamente retiré el cuhillo, y salí corriendo. No era mucho pero le había distríado. Por lo menos ahora podía correr. Pasos pesados iban trás de mí, giré mi cuello mientras corría por el lugar, aquel hombre seguía siguiendome, cojeaba y aún así aguantaba el dolor para seguir mis pasos. Dejé de mirar atrás. Corriendo tropecé con algo, no sé que fue lo que tiré, pero el sonido era como de cristales rotos, yo seguía corriendo.

Leave a Reply