Conversación con la muerte: parte 2

Introducción:

El el capítulo se enlaza directamente con el anterior ;)

Parte 2

-Oh, bueno, si no es una broma, ¿qué es? No me digas que eres uno de esos extraterrestres de visita de los que tanto habla la vecina del tercero. -Ahora sus ojos estaban mirándome con burla.

-No vengo de ningún otro planeta. Nacía aquí. ¿Podemos ignorar todo esto de mi existencia y pasar a lo importante? Debo entregarte un mensaje.

Lucía se sentó también en la cama volviendo a desperezarse con movimientos lentos, confiados.

-Vale, te creo. Vienes de lejos y todo eso. Nunca había soñado despierta ni tenido alucinaciones antes,  creo que cenar tanta pizza no me sentó bien. Así que chico guapo alucinógeno, ?cuál es ese mensaje tan importante?

-No puedo darte el mensaje si no crees en ello. No serviría de nada. Es probable que en ese caso fuera peor recibirlo que ignorarlo.

-Por mi perfecto. Vete y déjame dormir. Yo trabajo mientras tú duermes en mis fantasías.

El chico se levantó y comenzó a dar paseos por la habitación. Lucía lo ignoró e hizo por volver a dormirse. -Ni se te ocurra niña. Quédate despierta mientras pienso en todo esto. -Volvió a dar vueltas con la mirada perdida en alguna idea lejana.

Lucía parecía estar harta de esperar a que él se marchara por donde había venido. Ella se levantó y se fue a la cocina. Empezó a servirse los restos de la pizza y un refresco. Estaba calentando en el microondas su tentempié de medianoche cuando El chico de negro se asomó a la puerta.

-¿Cómo podría convencerte de que soy quien soy? -Dijo él.

-Mira, chico alucinógeno, ni idea. Ya quedamos en que no eres un extraterrestre. Dime qué eres y luego márchate.

-¿Podrías dejar de llamarme chico alucinógeno? Es bastante desagradable que te llamen así.

-Como prefieras. ¿Cuál es tu nombre? Creo que en realidad debería de ponértelo yo…

-José. Llámame José.

-José, vaya que nombre tan normal, esperaba algo más raro. -Lucía sacó la pizza del microondas y empezó a comerse la primera porción. -No sé, para haber aparecido de la nada me imaginaba algo más interesante.

-Siento desilusionarte, Lucía. -Creo que ahora puedo ir manejando la situación, por lo menos ya no me pone apodos. Lo cual es un alivio… ¿cómo podría seguir para no asustarla y que me crea?

Mientras Lucía trabajaba en la cocina, haciendo algo caliente en el microondas yo no podía dejar de mirarla. Su vida, su ánima dependía de mi, de lo bien o mal que lo hiciese esta noche. Deseaba salvar su espíritu, pero no podía dejar de pensar en que era una niña y en lo iba a pasar muy mal al día siguiente. Sólo esperaba poder aliviarla, protegerla, ella era una persona muy dulce y emocionalmente frágil. Si no hacía esto de manera correcta, su alma quedaría atrapada entre dos mundos, por decirlo de alguna manera. Se convertiría en un fantasma vagabundo y sin rumbo. Cada vez que un ser humano quedaba atrapado de semejante manera, una parte de nosotros moría, era tan desolador como perder un brazo o una pierna. Resultaba doloroso haber perdido a una de nuestras ánimas.

Continuará.

Leave a Reply