Conversación con la muerte: parte 3

Introducción:

Este capítulo se enlaza directamente con el anterior sin que haya transcurrido tiempo alguno.

Conversación con la muerte: parte 3:

-¿Quieres? -Dijo Lucía mientras me ofrecía una porción de su tentempié.

-No, gracias. Aquí no puedo comer.

-Pues seas lo que seas debe ser muy duro no poder comer. ¿No echas de menos el café o los dulces?

-Puedo comer, pero sólo donde pertenezco.

-¿Pues que mundo tan aburrido. -Puso los ojos en blanco mientras lo decía.

-Lucía, aún sigues pensando que me imaginas, ¿verdad? -Al decir esto ella sonrío, creo que más para sí misma que para mí.

-Tócame, Lucía. Soy real, por lo menos para ti.

Ella puso su mano sobre mi pecho. Luego tocó mi rostro y hundió su dedo índice en mi mejilla. Se sentía agradable que después de tantos años alguien te toque. Me hacía vivir recuerdos ya enterrados hace décadas. -Eres físicamente presente y tu piel es tibia. -Se fue corriendo hacia el comedor.

-Espera, ¡por favor, no huyas!

Mi trabajo cada día se volvía más y más complicado. Desde luego no era tan habitual en mi existencia tener que dar mensajes y ayudar a los humanos, pero las pocas veces que debía hacerlo se volvía un problema. Aparecí al lado de ella, y le toqué en el hombro. -¿No podemos tomarnos esto con calma? Sé que te debe resultar traumático, pero te aseguro que estarás segura junto a mí.

-No estaba huyendo de ti. Esos ojos verdes tan bonitos que tienes son de buena persona. Me apuesto lo que quieras a que nunca has roto un plato. Pensé que habrías forzado mi cerradura, pero no. Vine a comprobarlo y sigue cerrado por dentro. Por las ventanas es imposible que entres porque sería un suicidio. Así que sólo me queda que de veras te has aparecido de la nada. Uuuuhhhhhmmm… Tengo pocas ideas. ¿Eres un fantasma, un espíritu, un demonio, te he imaginado o un extraterrestre?

-Lucía, ¿creerás lo que te diga?

-Visto lo visto, no me queda otra cosa que creerte. Además, eres como un misterio sin resolver. Me haces sentir curiosidad. Empieza, mañana madrugo.

Atraje con mi mente un par de sillas del comedor. La senté en una de ellas y yo me senté frente a ella. -Ante todo, quiero que sepas que estoy aquí para ayudarte en un futuro próximo y luego más lejano. Jamás te haré ningún tipo de daño. Tan sólo deseo ayudarte con tu futuro.

-Bien, gracias. Sigue.

Espero que esta niña no me de la razón como los locos, no era la primera vez que me pasaba y siempre terminaba mal si resultaba así. -Puedo ver tu pasado, tu presente y parte de futuro. Según lo que hagas o decidas, tu futuro cambia y eso puedo verlo como una película. Mañana ocurrirá algo y hasta ahora tu estado emocional me indica que no podrás superarlo. Necesito ayudarte a superarlo para que no te ocurra nada malo.

CONTINUARÁ.

Leave a Reply