Conversación con la muerte: parte 4

-Me parece nitas vacaciones en eque aquel cupón de la lotería del barrio no me va a tocar. Así que será mejor que no me ilusione con unas bol Caribe.

-No, yo en tu lugar no me ilusionaría con ese premio de lotería ni con un viaje al Caribe ni nada semejante durante esta semana. Lo lamento.

-¿Qué eres para saber eso? Dime la verdad. -Estaba algo nerviosa, pero empezaba a confiar en mí. Juntó sus manos y miró a mis ojos esperando mi respuesta.

-Hace varias décadas pertenecí a este mundo de la misma manera que tú lo haces ahora. Con 31 años me asesinaron a sangre fría. Un ladrón me asestó más de cinco puñaladas sólo para robarme el poco dinero del que disponía en mi cartera. Como puedes imaginar fue realmente traumático. Cuando desperté vi mi cuerpo tirado en la acera, lleno de sangre e inerte. Sabía que había muerto y no comprendía lo que pasaba conmigo. No tenía fe en ninguna religión o dios, por lo que simplemente no podía creer lo que me estaba ocurriendo. -Lucía asintió, seguía mirándome fijamente a los ojos. -Alguien se apareció junto a mí con el mismo aspecto de espectro que yo. Me cogió de la mano y me dio la bienvenida. Me dijo que venía a ayudarme a superar mi muerte, a seguir adelante. Simplemente fuí con él. No tenía familia y los amigos sabía que vivirían sus vidas sin mí. No tenía nada pendiente en el mundo que dejaba atrás. Una vez que seguí a aquel ser, me dieron a elegir que hacer con mi existencia, podía seguir en el otro mundo donde estaría en paz y no sufriría o bien podría ayudar a los seres humanos de la misma manera que aquel hombre me ayudó a mí. Tuve curiosidad y pregunté si dan a todo a elegir. Me dijeron que no, que sólo unos pocos tienen la capacidad de poder lidiar con los seres humanos o las ánimas. No sé si esto responde a qué soy.

-José, ¿me estás diciendo que eres algo así como un ángel de la guarda? ¿O eres “la muerte de las películas”? Por favor, quiero la verdad, necesito saberlo para entender todo esto.

-En realidad creo que soy una mezcla de ambos personajes de los que dices. Pero no malvado. Tengo un grupo de seres humanos con los que tengo lo que podríamos llamar afinidad. Cuido de sus almas, no de sus cuerpos, desde su nacimiento hasta más allá de la muerte de esos cuerpos. Para nosotros el cuerpo es sólo un envoltorio para las ánimas. Así que mi trabajo es cuidar de ti y de otros. De que nada te perturbe. No soy un dios y los seres humanos disponen en todo momento de su libre albedrío. Por lo que no puedo interferir en el mundo corpóreo de forma radical. Sólo puedo dejarme ver con los espíritus que tienen afinidad conmigo y hablar con ellos si fuese necesario. Pero debo dejarlos decidir en todo momento. Como ves sólo me he presentado ante ti para hablar contigo e intentar convencerte del futuro más correcto que puedo conseguir para ti. -Lo estaba logrando, esta niña me escuchaba y parecía entender lo que decía.


CONTINUARÁ.

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